Siguiendo nuestra petición, tras unas 3 horas de viaje por ese jardín que es Costa Rica, el conductor del autobús paró en un lugar cualquiera y nos indico que a 100 metros de donde estabamos era donde se encontraba el dichoso puente.
Con mochilas y todo a cuesta nos fuimos al encuentro del mismo y lo cierto es que no nos arrepentimos sino todo lo contrario de habernos detenido en el lugar pues el espectáculo que presenciamos fue magnífico:
Cuando nos cansamos de ver tanto pariente de dinosaurio suelto, que de todo se aburre uno, salimos por el extremo opuesto al que habíamos entrado del puente, donde para nuestra sorpresa nos encontramos con que había un montón de puestos donde vendían curiosas artesanías todas con cocodrilos como motivo principal y un restaurante donde aprovechamos a descansar y comernos una piña que habíamos comprado un par de días antes en Quepos y que hasta ahora no habíamos encontrado momento propicio para devorar:
Que por cierto llegó puntual como un reloj, así que en un santiamen dejamos nuestras mochilas en la panza del mismo y antes de que nos dieramos cuenta ya estabamos en la ciudad en la que casi sin tiempo ni para ir al baño cambiamos de transporte y nos fuimos camino de Santa Elena.
El trazado hasta Santa Elena era un espectáculo en si mismo. Todo el tiempo subiendo por serpenteantes carreteras de tierra rodeados de una exhuberante vegetación para finalmente llegar al pueblo que nos recibió con una espesísima niebla que hacía casi imposible ver nada.
Como estabamos tan cansados, esa tarde lo único que hicimos fue buscar alojamiento y contratar la actividad que ibamos a realizar al día siguiente. Tras esto nos compramos unas pizzas que fuimos a comernos a la habitación del hostal donde parabamos para relajarnos un poco viendo la tele.
Por supuesto que a la mañana siguiente volvió a tocar despertarse tempranísimo. El transporte que había de llevarnos al lugar de la actividad pasaba a por nosotros a las 7 de la mañana así que un buen rato antes ya sonó el maldito despertador que inclemente nos obligó a salir de la cama.
¿Qué cual era la famosa actividad?. Pues no era otra cosa que lo que por aquellos lares se concoce como Canopy, que es como una especie de tirolina gigante pero que en vez de tirarte sólo una vez te tiras 14 mientras ante tus ojos pasan a toda velocidad paisajes increibles.
El llevar a cabo esta actividad era lo que en realidad nos había llevado hasta Santa Elena ya que Vivu tenía muchísimas ganas de hacerlo y este era el lugar donde gente que lo había provado ya más nos habían recomendado:
A partir del cuarto salto es donde la cosa se pone bien de verdad y realmente en algunas ocasiones sientes como si volaras por encima de las copas de los árboles ya que en pocos segundos llegas a recorrer distancias bastante respetables de:

En este primero, aunque ya os aviso que es un poco mareante, lo que hice fue colgarme la cámara de uno de los arnéses y dejar que ella grabara libremente mientras descendía a toda velocidad por uno de los saltos más espectaculares del día:
En el siguiente la protagonista es Vivu a la que se ve como se abre paso entre la niebla volando como un rayo por encima del hermoso bosque donde nos encontrabamos:
Y para terminar, el video que rodé en el último de mis saltos. En él mismo le pedí a uno de los monitores que saltara junto a mi para así yo poder las manos libres y poder grabar mejor todo lo que acontecía:
En resumen, una experiencia increible, donde además los tipos que se encargaban de organizarla mostraron un profesionalismo altísimo y en la que en ningún momento notamos sensación de peligro sino todo lo contrario.
Como empezamos lo del Canopy muy temprano, también lo terminamos muy temprano por lo que decidimos que ese mismo día ibamos a ir a visitar el gran atractivo de la zona: la reserva natural Monteverde, uno de los escasos bosques nubosos que hay en el mundo y donde al parecer la fauna y la folra merecían con creces los colones (moneda de Costa Rica) que se pagaba por la visita.
Pero para ir a Monteverde primero teníamos que volver a Santa Elena desde se tomaba el autobús a la reserva. En Santa Elena descubrimos lo que por otra parte ya sospechábamos, que Costa Rica está llena de buenas personas y si no fijaros en la siguiente imagen:
Ya en Monteverde, contratamos a un guía para que nos mostrara el parque pero la visita comenzaba a las dos horas de nuestra llegada, así que nos adentramos en el mismo por nuestra cuenta y riesgo (riesgo de perdernos y no llegar a la hora señalada claro).
Afortunadamente no nos ataco el de la matanza de Texas ni nada por el estilo. Además el que sea un bosque nuboso, no quiere decir que la niebla este siempre presente. La misma viene y va y en una de esas ocasiones en que no estaba con nosotros aprovechamos para hacer una foto a este bello rinconcito del bosque:

Según nos contó, muchísimas personas iban hasta Monteverde desde todos los lugares del mundo simplemente con el objetivo de divisar a este animal y según la época del año podía ocurrir que tras una semana de busqueda se volvieran a su casa sin la suerte de avistarlo.
Casualmente según nos dijo habíamos caido en el parque en la mejor época del año ya que los quetzales estaban en plena etapa de reproducción así que las oportunidades de verlos eran bastante altas.
Y por una vez la suerte nos sonrió, pues fue termiar de decir estas palabras y de repente detenerse y orientar su telescopio hacia un lugar donde nosotros no distinguiamos absolutamente nada.

Como si estuviera esperandonos, tras sacarle la foto de más arriba a través del telescopio del guía se marcho volando (suponemos que a su nido o en busca de una quetzala que nunca se sabe ...) y nos dejó alli hablando sobre la suerte que habíamos tenido por divisarlo.
Lamentablemente la niebla se tornó tan espesa que ya casi ni veíamos nada a un palmo de nuestras narices. Llegados a este punto el guía nos dijo que era una tontería continuar y que era mejor que volvieramos al día siguiente. Consultó con su jefe y nos dijo que no haría falta que pagaramos de nuevo la excursión (15 dolares por barba) . Le dijimos que muchas gracias pero que al día siguiente queríamos salir temprano para La Fortuna y que el único autobús que había hacía allí salía a las 7 de la mañana así que no iba a poder ser.
Nos dijo que no nos preocuparamos que el conocía a una persona en una agencia de transporte privado y que por sólo 12 dolares nos podía llevar en 4x4 hasta las orillas del lago arenal, atravesar dicho lago en lancha y luego de nuevo en 4x4 dejarnos en La Fortuna. Todo ello en un recorrido de 3 horas. No lo dudamos ni un segundo ya que el viaje en bus, si bien mucho más barato se demoraba unas 8 horas ya que iba parando por mil sitios.
El resto de la tarde la pasamos descansando sin hacer nada especial por Santa Elena y a las 5 y media de la mañana del día siguiente ya estabamos en pie pues teníamos que tomar el autobús de las 6:00 para poder estar a tiempo para la primera visita guiada que en teoría empezaba a las 7:00 justo cuando se abría el parque.
A las 6:20 ya llegamos nosotros al parque, así que mientras esperabamos a que se abriera, Vivu aprovechó para echar una cabezadita:
La mañana estaba bastante clara lo que nos hacía tener esperanzas de tener una buena visibilidad dentro del parque. Entre unas cosas y otras, al final no comenzamos la visita hasta las 8 y como si el destino se quisiera burlar de nosotros fue poner un pie en el mismo y empezar a caer la niebla.
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Al galope nos lanzamos tras ellos y lo que perseguían resulto ser un magnífico ejemplar de quetzal, al que por supuesto le hicimos otra foto a través del teleobjetivo del guía:



