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lunes, 20 de agosto de 2007

Pura Vida III:Santa Elena, Monteverde y cocos en el río Tárcoles

Para no variar toco madrugón de escándalo así que todavía somnolientos nos fuimos a la estación de autobuses de Quepos donde compramos el billete que nos iba a llevar hasta un punto intermedio entre dicha localidad y Santa Elena, el lugar en el que planeabamos dormir esa noche. Ese punto intermedio no era otro que un puente en medio de la nada costaricense que atravesaba el río Quepos y del que varios amigos viajeros nos habían hablado como un lugar al que realmente merecía la pena ir.

Siguiendo nuestra petición, tras unas 3 horas de viaje por ese jardín que es Costa Rica, el conductor del autobús paró en un lugar cualquiera y nos indico que a 100 metros de donde estabamos era donde se encontraba el dichoso puente.

Con mochilas y todo a cuesta nos fuimos al encuentro del mismo y lo cierto es que no nos arrepentimos sino todo lo contrario de habernos detenido en el lugar pues el espectáculo que presenciamos fue magnífico:





Efectivamente, eso que veis allí abajo es un gigantésco cocodrilo que tenía su habitat natural al abrigo de los pilares del tan nombrado a estas alturas puente. Lo siento por los que esperaban que les mostraramos una inmensa obra de ingeniería pero lo que aquí vinimos a ver fueron esos magníficos animales. Y no creais que sólo había uno no, había decenas de ellos:








Además el entorno natural en el que se encontraban era espectacular así que perdimos un montón de tiempo encima del puente maravillados ante la belleza de lo que veíamos:




Cuando nos cansamos de ver tanto pariente de dinosaurio suelto, que de todo se aburre uno, salimos por el extremo opuesto al que habíamos entrado del puente, donde para nuestra sorpresa nos encontramos con que había un montón de puestos donde vendían curiosas artesanías todas con cocodrilos como motivo principal y un restaurante donde aprovechamos a descansar y comernos una piña que habíamos comprado un par de días antes en Quepos y que hasta ahora no habíamos encontrado momento propicio para devorar:



El camarero del bar nos dijo que en más o menos una hora tenía que pasar el autobús que iba hacía una localidad de la que ahora mismo no recordamos el nombre desde donde podíamos ir a Santa Elena, así que sin tenerlas todas con nosotros de que realmente por aquel recondito lugar fuera a transitar transporte alguno cuando quedaban 10 minutos para la hora señalada nos fuimos a esperar a que apareciera el bus:



Que por cierto llegó puntual como un reloj, así que en un santiamen dejamos nuestras mochilas en la panza del mismo y antes de que nos dieramos cuenta ya estabamos en la ciudad en la que casi sin tiempo ni para ir al baño cambiamos de transporte y nos fuimos camino de Santa Elena.

El trazado hasta Santa Elena era un espectáculo en si mismo. Todo el tiempo subiendo por serpenteantes carreteras de tierra rodeados de una exhuberante vegetación para finalmente llegar al pueblo que nos recibió con una espesísima niebla que hacía casi imposible ver nada.

Como estabamos tan cansados, esa tarde lo único que hicimos fue buscar alojamiento y contratar la actividad que ibamos a realizar al día siguiente. Tras esto nos compramos unas pizzas que fuimos a comernos a la habitación del hostal donde parabamos para relajarnos un poco viendo la tele.

Por supuesto que a la mañana siguiente volvió a tocar despertarse tempranísimo. El transporte que había de llevarnos al lugar de la actividad pasaba a por nosotros a las 7 de la mañana así que un buen rato antes ya sonó el maldito despertador que inclemente nos obligó a salir de la cama.

¿Qué cual era la famosa actividad?. Pues no era otra cosa que lo que por aquellos lares se concoce como Canopy, que es como una especie de tirolina gigante pero que en vez de tirarte sólo una vez te tiras 14 mientras ante tus ojos pasan a toda velocidad paisajes increibles.

El llevar a cabo esta actividad era lo que en realidad nos había llevado hasta Santa Elena ya que Vivu tenía muchísimas ganas de hacerlo y este era el lugar donde gente que lo había provado ya más nos habían recomendado:





Ahí arriba nos podeís ver preparandonos a conciencia para la experiencia y aquí abajo subiendo por los caminos que nos llevaban hasta el primero de los 14 (si no recuerdo mal) saltos que ibamos a realizar:



Y por supuesto llegó el momento de saltar. Sujetos por un arnés a un grueso cable de acero, juntamos la valentía necesaria y nos lanzamos al vacío sin tiempo para encomendarnos a Dios ni al diablo ya que en estos casos es mejor no pensar lo que uno hace no vaya a ser que halla un destello de cordura y te des la vuelta:





De hecho, el primer salto que es el que te sube más la adrenalina por la novedad y todo eso es en realidad el menos "peligroso", ya que junto a los dos siguientes son una especie de "saltos de prueba" donde la inclinación del cable es muy reducida (algún compañero de la excursión incluso no llegó al final del recorrido y tuvo que ayudarse de las manos para llegar) y la velocidad a la que se desciende muy lenta en comparación con lo que viene después.

A partir del cuarto salto es donde la cosa se pone bien de verdad y realmente en algunas ocasiones sientes como si volaras por encima de las copas de los árboles ya que en pocos segundos llegas a recorrer distancias bastante respetables de:











Aunque para que os deis cuenta un poco mejor de lo que se siente haciendo esto del Canopy, lo mejor creemos es que os pongamos unos videos del tema.

En este primero, aunque ya os aviso que es un poco mareante, lo que hice fue colgarme la cámara de uno de los arnéses y dejar que ella grabara libremente mientras descendía a toda velocidad por uno de los saltos más espectaculares del día:



En el siguiente la protagonista es Vivu a la que se ve como se abre paso entre la niebla volando como un rayo por encima del hermoso bosque donde nos encontrabamos:



Y para terminar, el video que rodé en el último de mis saltos. En él mismo le pedí a uno de los monitores que saltara junto a mi para así yo poder las manos libres y poder grabar mejor todo lo que acontecía:



En resumen, una experiencia increible, donde además los tipos que se encargaban de organizarla mostraron un profesionalismo altísimo y en la que en ningún momento notamos sensación de peligro sino todo lo contrario.

Como empezamos lo del Canopy muy temprano, también lo terminamos muy temprano por lo que decidimos que ese mismo día ibamos a ir a visitar el gran atractivo de la zona: la reserva natural Monteverde, uno de los escasos bosques nubosos que hay en el mundo y donde al parecer la fauna y la folra merecían con creces los colones (moneda de Costa Rica) que se pagaba por la visita.

Pero para ir a Monteverde primero teníamos que volver a Santa Elena desde se tomaba el autobús a la reserva. En Santa Elena descubrimos lo que por otra parte ya sospechábamos, que Costa Rica está llena de buenas personas y si no fijaros en la siguiente imagen:



Con semejante apellido, el tipo de la carnicería tiene que ser uno de los más notables vecinos del lugar =P

Ya en Monteverde, contratamos a un guía para que nos mostrara el parque pero la visita comenzaba a las dos horas de nuestra llegada, así que nos adentramos en el mismo por nuestra cuenta y riesgo (riesgo de perdernos y no llegar a la hora señalada claro).



Como bien podeís ver más arriba, Monteverde es un bosque nubososo, y que es lo que uno se puede encontrar en un bosque nuboso. Tampoco creo que haya que ser el más listo de la clase para darse cuenta de que la respuesta es NUBES:







Aunque en las fotos no se aprecia todo lo bien que debería, es una experiencia magnífica el estar en medio de un bosque como este. La atmosfera que te rodea es muy singular y te sientes como en una película de terror.

Afortunadamente no nos ataco el de la matanza de Texas ni nada por el estilo. Además el que sea un bosque nuboso, no quiere decir que la niebla este siempre presente. La misma viene y va y en una de esas ocasiones en que no estaba con nosotros aprovechamos para hacer una foto a este bello rinconcito del bosque:



Incluso con nuestros inexpertos ojos encontramos un par de cosas dignas de ser fotografiadas como el milpies o la florcita de más abajo:





Y ya acompañados de nuestro guía nos volvimos a adentrar en el corazón del bosque, aunque la niebla cada vez más espesa hacía casi imposible disfrutar de los pajaros que el guía nos iba enseñando a través de su telescopio:



Hablando de pájaros, el guía nos comentó algo de lo que no teníamos ni idea. Al parecer Monteverde era el mejor lugar del mundo para divisar los famosos Quetzales: el ave sagrado de los mayas que tiempo atras se encontraban en infinidad de sitios desde Méjico hasta Panamá pero que en la actualidad se encontraban en serio peligro de extinción.

Según nos contó, muchísimas personas iban hasta Monteverde desde todos los lugares del mundo simplemente con el objetivo de divisar a este animal y según la época del año podía ocurrir que tras una semana de busqueda se volvieran a su casa sin la suerte de avistarlo.

Casualmente según nos dijo habíamos caido en el parque en la mejor época del año ya que los quetzales estaban en plena etapa de reproducción así que las oportunidades de verlos eran bastante altas.

Y por una vez la suerte nos sonrió, pues fue termiar de decir estas palabras y de repente detenerse y orientar su telescopio hacia un lugar donde nosotros no distinguiamos absolutamente nada.



Allí estaba el quetzal majestuoso. La niebla no nos dejaba disfrutar de sus colores en todo su esplendor pero la satisfación de que habíamos visto un animal que la mayoría de las personas sólo ven en los documentales de la tele ya no nos la quitaba nadie.

Como si estuviera esperandonos, tras sacarle la foto de más arriba a través del telescopio del guía se marcho volando (suponemos que a su nido o en busca de una quetzala que nunca se sabe ...) y nos dejó alli hablando sobre la suerte que habíamos tenido por divisarlo.

Lamentablemente la niebla se tornó tan espesa que ya casi ni veíamos nada a un palmo de nuestras narices. Llegados a este punto el guía nos dijo que era una tontería continuar y que era mejor que volvieramos al día siguiente. Consultó con su jefe y nos dijo que no haría falta que pagaramos de nuevo la excursión (15 dolares por barba) . Le dijimos que muchas gracias pero que al día siguiente queríamos salir temprano para La Fortuna y que el único autobús que había hacía allí salía a las 7 de la mañana así que no iba a poder ser.

Nos dijo que no nos preocuparamos que el conocía a una persona en una agencia de transporte privado y que por sólo 12 dolares nos podía llevar en 4x4 hasta las orillas del lago arenal, atravesar dicho lago en lancha y luego de nuevo en 4x4 dejarnos en La Fortuna. Todo ello en un recorrido de 3 horas. No lo dudamos ni un segundo ya que el viaje en bus, si bien mucho más barato se demoraba unas 8 horas ya que iba parando por mil sitios.

El resto de la tarde la pasamos descansando sin hacer nada especial por Santa Elena y a las 5 y media de la mañana del día siguiente ya estabamos en pie pues teníamos que tomar el autobús de las 6:00 para poder estar a tiempo para la primera visita guiada que en teoría empezaba a las 7:00 justo cuando se abría el parque.

A las 6:20 ya llegamos nosotros al parque, así que mientras esperabamos a que se abriera, Vivu aprovechó para echar una cabezadita:



La mañana estaba bastante clara lo que nos hacía tener esperanzas de tener una buena visibilidad dentro del parque. Entre unas cosas y otras, al final no comenzamos la visita hasta las 8 y como si el destino se quisiera burlar de nosotros fue poner un pie en el mismo y empezar a caer la niebla.



Aunque eso si, el guía se conocía un nido de tarantula que estaba justo a la entrada del parque cuya moradora (del tamaño de un puño) no pudo evitar que le sacaramos una foto aunque se escondía en lo más profundo de su madriguera:



Cada vez más espesa la niebla, así que de ver bichos nada de nada. Tras un buen rato caminando nos paramos a descansar y cuando ya estabamos a punto de volver sin haber tenido suerto alguna, la niebla empezó a despejarse y vimos corriendo a otro guía con su grupo detrás de algo.

Al galope nos lanzamos tras ellos y lo que perseguían resulto ser un magnífico ejemplar de quetzal, al que por supuesto le hicimos otra foto a través del teleobjetivo del guía:




La niebla se fue totalmente, símbolo inequívoco de que nuestra suerte había cambiado en el último momento, así que casi inmediatamente divisamos otra hermosa de estas aves:



La verdad es que fue una suerte contratar la excursión pues a simple vista el quetzal se vaía lejísimos, para que os hagais una idea, la sigueinte foto esta sacada sin el teleobjetivo, simplemente con el zoom por 4 de mi cámara:



Conténtisimos por la experiencia abandonamos el parque y pusimos rumbo a Santa Elena donde teníamos que ir a por nuestras mochilas y esperar a que pasaran a recogernos para ir a La Fortuna. Antes nos pasamos por un lugar donde se criaban colibrís anexo al parque donde sacamos unas fotos hermosísimas de estos pajaritos:









Y ya en Santa Elena, mientras hacíamos tiempo esperando a que vinieran a por nosotros nos fuimos a comer a un lugar donde tuvimos la constatación de que los aficcionados al mejor equipo del cono sur (por lo menos) llegan a todas partes:


sábado, 4 de agosto de 2007

Pura Vida II:San José, Quepos y Parque natural Manuel Antonio.

El viaje a San José fue, como no podía ser de otra forma, bastante duro. La lancha que había de sacarnos de Tortuguero partía a las 6 de la mañana así que poco después de las 5 ya estabamos en pie que con la paliza que nos habíamos dado el día antes no era poca cosa.

Tras cambiar varias veces de autobús a eso de las 14 de la tarde hacíamos nuestra entrada en la capital costarricense, la cual nos recibió con una monumental tromba de agua.

El cansancio y el mal tiempo hicieron que no salieramos en toda la tarde del hostal en el que nos alojamos aunque lo cierto es que en San José tampoco había mucho para visitar. La ciudad en si no tiene nada que merezca reseñar y de todas las capitales que habíamos visitado hasta la fecha era la menos interesante con diferencia por lo que decidimos que al día siguiente ibamos a poner rumbo a Quepos, ciudad junto a la que se encuentra uno de los parques naturales más visitados de toda Costa Rica.

Con esa idea nos fuimos a dormir y como el dia siguiente amaneció igual de feo que el anterior no encontramos motivos para cambiar de opinión por lo que tras una breve visita a San José de la cual lo más reseñable fue ver el Teatro Nacional ...

... ya estabamos de vuelta en el interior de un bus que nos llevó sin mayor sobresalto a la ciudada de Quepos en la costa pacífica de Costa Rica.

Lo primero que hicimos para no variar fue ir a buscar un lugar donde quedarnos, y acabamos parando en el Hotel Ramus, uno bastante bonito en pleno centro de la localidad y en el que nos hizo mucha gracia el spanglish con el que nos decían que no tiraramos papeles al inodoro.

Quepos tampoco es que fuera nada del otro mundo aunque el hecho de estar en la costa ya le daba más encanto que San José, así que después de pasear un poquito por sus calles decidimos irnos a descansar con la idea de ir a visitar el famoso parque natural del que tanto nos habían hablado.

Manuel Antonio como ya he dicho es uno de los lugares más turísticos de toda Costa Rica por lo que mucho de los mochileros hacen caso omiso de aquel refran castellano que dice "algo tendrá el agua cuando la bendicen" y evitan ir a conocerlo más que nada por no encontrarse con las hordas de turistas que lo frecuentan. Esa fue la razón por la que Raul decidió separarse de nosotros en San José aunque de antemano ya os decimos que la visita a Manuel Antonio a nosotros personalmente nos encantó.

Además de el más visitado, Manuel Antonio también es uno de los más pequeños parques de centroamérica por lo que en un día a tiempo más que de sobra para visitarlo y de paso relajarse un poco en alguna de las espectaculares playas que hay en el interior del mismo, en las cuales por cierto habitan cientos de cangrejos ermitaños que resultaron ser el primer contacto que tuvimos con la fauna del lugar.

Después enseguida vimos a montones de iguanas en su habitat natural mimetizandose con el paisaje ...

... y por supuesto a decenas de monos enmascarados, los cuales están tan acostumbrados a los turistas que se acercan a los mismos muchísimo más que en cualquier otro lugar de los que luego visitaríamos (de hecho había que estar bastante atentos a las pertenencias de cada uno pq sino corrías el riesgo de que estos graciosos macacos se las llevaran)

Aunque sin duda alguna el animal que más nos gustó a los dos fueron los osos perezosos a los cuales tuvimos la gran suerte de podernos acercar muchísimo.

El oso perezoso hace honor a su nombre gastando las menores energías posibles por lo que sus movimientos son como a cámara lenta y a lo largo del día sól avanza unos pocos de metros. Además siempre están en las copas de los árboles excepto una vez a la semana que bajan para hacer en la superficie sus necesidades así que ya os podeis imaginar que en las fotos que vais a ver a continuación cazamos al pobre perezoso mientras estaba en medio de una poco honrrosa actividad para ser fotografiado.

Pero no sólo animales es de lo que se puede disfrutar en Manuel Antonio. Los senderos que atraviesan el parque son una delicia para los amantes de la vegetación y alguno de ellos dan a parar a sitios tan espectaculares como la cascada de las fotos de más abajo ...

... y por supuesto, tras varias horas caminando, que mejor que disfrutar un poquito de alguna de las hermosas playas del parque que como ya os hemos comentado antes resultaron ser excelentes:

Y así, rodeados de monos y osos perezosos concluímos nuestra visita al parque aunque mientras esperabamos al autobús y ya fuera de Manuel Antonio todavía tuvimos tiempo para hacer algunas fotos a las playas del exterior, que no por ello resultaron ser menos hermosas:

Así que con poco más que un ratito para ver el mercado de artesanías que había al lado del parque casi enseguida llego el autobús que nos había de llevar de vuelta a Quepos donde teníamos que descansar pues a la mañana siguiente tempranos salíamos a otro lugar a continuar con nuestras aventuras y desventuras.

martes, 10 de julio de 2007

Pura Vida I: Puerto Limón y Tortuguero

Con todo el dolor de nuestro corazón abandonamos las playas de Bocas del Toro y de la misma forma que habíamos llegado, es decir, en lancha, nos fuimos del archipiélago rumbo a la frontera con Costa Rica a la que llegamos tras tomar un par de buses (en realidad un bus y un taxi 4x4 pero pal caso es lo mismo).

En la frontera nos hicieron el viejo timo de que necesitabamos un billete de salia del pais para poder entrar en Costa Rica, lo cual no se si será verdad, pero desde luego un papelito que adquieres por 7 dolares en la farmacia que está a 20 metros del sitio donde te sellan el pasaporte en el que pone "transporte internacional" pero en el que no viene ni destino ni fecha a nosotros nos sonó cuanto menos sospechoso.

En esas estabamos cuando fuimos a conocer a Raul, un chico de Barcelona que llevaba tb unos cuantos meses viajando por latinoamérica (aunque el se lo había montado mejor pq no recuerdo que chanchullo había hecho para estar recibiendo el paro todo el tiempo que estaba fuera sin tener que presentarse por las oficinas del INEM, o como se llame ahora) y con el que ibamos a viajar durante unos días más concretamente hasta que llegar a la capital San José (un tio de PM que por cierto tb está haciendo un blog de sus aventuras por estos andurriales que podeís visitar desde los enlaces que he puesto).

Tras hacer todos los tramites en la frontera pusimos rumbo a nuestro primer destino en Costa Rica: Puerto Limón, facilmente el lugar más feo, sucio y deprimente de cuantos hemos visitado hasta ahora. En realidad ya nos habían avisado que Puerto Limón era una mierda (con perdón), pero era el lugar más lógico para parar para al día siguiente enfilar hacia nuestro verdadero destino: el parque natural de Tortuguero.

Tan feo era el pueblo que no nos dignamos ni a hacerle fotos así que él único recuerdo del mismo que tenemos es esta instantanea tomada desde la habitación de nuestro "hotel" que le hace totalmente justicia a los atractivos del lugar:




Como os podeís imaginar a la mañana siguiente tempranísimo ya estabamos tomando el primero de los autobuses que nos había de conducir a la meta de Tortuguero. Ni recuerdo cuantos tuvimos que tomar pero estuvimos todo el día viajando hasta que por fin llegamos a las lanchas que eran el único medio de llegar a la reserva natural:



Sólo el viaje en lancha hasta Tortuguero ya es toda una experiencia. Ir navegando por los estrechos canales, de aguas por cierto infestadas de cocodrilos, mientras el atardecer caía sobre nosotros nos hizo sentir que todo el esfuerzo por llegar al lugar había merecido la pena.





Finalmente tras un buen rato encima de la lancha divisamos el pueblo de Tortuguero, único lugar desde el que se puede visitar la reserva natural famosa como os podeís imaginar pq es uno de los escasos lugares en el mundo donde las tortugas gigantes se sienten los suficientemente agusto como para poner sus huevos:


Pese a que estabamos exhaustos por el tremendo palizón que nos habíamos pegado para llegar al lugar, juntamos las fuerzas suficientes para arreglarlo todo para al día siguiente bien temprano ir a hacer una excursión en canoa por los canales de la reserva natural. Tras estó y una rápida cena nos fuimos a dormir pq la excursión empezaba a las 5 de la mañana.



Arriba podeís ver a Vivu a las 5:oo del día siguiente en la cabaña de Ernesto, el guía que habíamos contratado, y la persona que está al lado es Raul, el catalán con el que compartimos los buenos momentos de visita a este lugar.


Pero no sólo conocimos a Alberto en este recondito lugar del mundo, sino que demostrando una vez más la validez de aquel dicho de "el mundo es un pañuelo" nos encontramos con otros dos españoles, tb de Barcelona, aunque la verdad es que no se si residentes u oriundos, a la sazón el Parri y su recien contraida esposa que en ese momento no lo sabíamos pero resultaron ser amigos de uno de los personajes que curraba conmigo en Accenture en Irlanda: Pepe Nieto, gran compañero y mejor persona, talaverano de pura cepa desde el que desde aquí aprovecho para mandar un enorme abrazo y ponerme a los pies de su también recien estrenada señora =D


Al Parri y esposa le vereís en una foto más adelante pero por el momento vamos a seguir con la narración de nuestro viaje en canoa por Tortuguero:




La primera de las fotos es la curiosa oficina donde se adquieren los tickets para visitar el parque y la segunda como no os será muy difícil deducir es la canoa en la que recorrimos las tranquilas agas del mismo.

Durante nuestra visita vimos un montón de animales, principalmente aves ...






... aunque tb tuvimos la suerte de estar a escasísimos metros de un enorme cocodrilo (disculpen los puristas si es un caimán) ...

... y tb fuimos a tierra firme para buscar las diminutas ranas como la que podeis ver en la foto de más abajo:


Y eso fue más o menos todo. Remando como habíamos llegado, abandonamos la reserva para volver al pueblo donde ese día todavía ibamos a visitar la parte del parque natural situado justo a su lado.








Antes de ir a visitar esta parte del parque, el que escribe estas líneas aprovechó para echarse una siestita que Vivu aprovechó para ir a recorrer el pueblo y por supuesto sacarle unas fotillos.



Aunque antes de lo que me hubíera gustado ya estabamos de vuelta y en pocos instantes listos para ir a hacer los senderos en los que se suponía se podían llegar a ver bastantes animales como monos, serpientes y cosas así.



Pero nosotros no vimos nada de nada, aunque tampoco nos extrañó pues el guardaparque ya nos había avisado que a esas horas y con ese calor era muy difícil que ningún animal estuviese por la selva ... una auténtica pena aunque lo cierto es que antes de salir de Costa Rica como ya podreís comprobar tuvimos la enorme suerte de ver una gran variedad de animales de todos los tipos.

El parque natural tenía como límite una bonita playa (la misma a la que iban las tortugas a poner sus huevos) que con el calor sofocante invitaba al baño aunque la advertencia de que podía haber caimanes cerca nos quitó las ganas de refrescarnos en la misma:



Ese mismo día nos fuimos a una isla cercana a Tortuguero desde la que tras una breve ascensión (menos de una hora) se tenían unas magníficas vistas del lugar:

A este lugar fuimos junto a Raul, Parri y señora y dos holandeses que no me acuerdo como se llamaban pero gracias a los cuales vimos un montón de flores y bichos que los tíos localizaban en lugares donde yo hubiese jurado que no había nada. Ahí los teneís a todos en la foto de abajo:

Pese a que eran ya como las seis de la tarde y no habíamos parado practicamente desde las cinco de la mañana y a que nos habían advertido que en esa época del año era muy muy difícil avistar tortugas, esa misma tarde arreglamos con Ernesto, el guía de por la mañana, para intentar ir a ver tortugas.

Lamentablemente no tuvimos suerte ninguna (aunque la hubiesemos tenido tampoco os podríamos haber mostrado ninguna foto pues estaba terminantemente prohibido fotografiar a las ponedoras) aunque estuvimos cerca pues si que llegamos a ver huellas recientes de tortugas que habían salido desde el mar hasta la playa pero que por alguna razón (probablemente asustadas por nosotros) se habían dado la vuelta.

Absolutamente reventados nos fuimos a dormir pues al día siguiente tocaba nuevamente madrugón ya que sin tiempo alguno para el descanso teníamos previsto llegara a San José de Costa Rica ...

... Por cierto, para los que os esteis preguntando el por qué de lo de "Pura Vida" en el título de este post, la razón es que es una frase que te repiten todo el tiempo en Costa Rica y que nos gustó muchísimo. La usan para mil cosas aunque en realidad para lo que más la utilizan es para decir que todo esta bien y la escuchas millones de veces mientras estas en este pais centroamericano. ¿Que tal estás? ... Pura vida!!!